domingo 31 de enero de 2010

I.S.

Si Peter Pan viniera vería que llevo cien días esperando a que los pájaros me inunden la cabeza, como un hombre que espera en el desierto la llegada de la primavera…

Pero vuelvo a Madrid, y será allí, aquella tarde, a sólo unos metros del Km.0 del mundo, cuando un tipo particular me dé las instrucciones para salvar el odio eternamente.

Será la cita, nuestra cita, pequeña gran súper potencia.

Oiré historias de gente que viene del norte, que regresa o de gente que está atrapada en azul y no encuentra el camino de regreso.

Quizá hasta sienta vértigo escuchando alguna canción, y no por eso estaré en el bando vencido, al contrario… será justo en ese momento cuando me deje convencer, cuando descubra cuánto amo a la vida.

Y quién sabe si papá estará ahí para contarme una vez más sus historias, o si Caperucita me sorprenderá diciendo que quiere ser muy promiscua. Tal vez la reina del súper baile un vals con los jubilados en la plaza Garibaldi.

La chica de mi lado puede que sea Amanda o tal vez Ana. O quién sabe si la extraña pareja que tararea todas y cada una de las canciones son poseedores de la más tierna y dulce historia de amor. Y Alicia… Alicia estará entre bambalinas. Y yo… yo sin ti a mi lado.


Buscando en el recuerdo, entre la dulce memoria nos daremos cuenta de que ya nada es lo que era, nos entrará el virus del miedo y pensaremos “¿qué va a ser de mí?”.

Pero yo te diré, Casandra, que esto no es una elegía, que somos jóvenes y hermosos, que tu fragilidad está a salvo. Que esto no acaba hoy, es una sesión continua y que, aunque no lo creas, cuando se calla el ruido, los amores imposibles dejan de ser tan imposibles.


Y… ya ves… has de saber tantas cosas… prepararé la huida mientras duermes. Pero ahora descansa, pequeña criatura, que prende la luz y tú…


tú...


no estarás sola.








(Texto a partir de títulos de canciones del gran Ismael Serrano)

sábado 2 de enero de 2010

Este año nuevo pienso ser más revolucionaria aún. Me he propuesto hacer más fuertes mis principios, y qué mejor que enfundarlos en abrazos.

Propongo la mayor revolución,

la revolución de los abrazos.

jueves 17 de diciembre de 2009

Amar

AMAR
Qué más da la forma: dormitando, apasionadamente, con tenacidad, con relevancia, con timidez, de forma algente o sofocante, con sosiego, con la oscuridad de la noche o de la mano de Lucifer, con pureza, sin pudor o con él, inquebrantable, con el mar de fondo,... con una sonrisa, un guiño de ojos y felicidad.

Qué importa a quién o a qué: a los amigos, a él, a los sábados por la noche, a la pareja, a la luna llena, a la música, a la familia, a aquel que me cruzo cada viernes a las 17:34, a ella, a las sonrisas permanentes, a los crepes de chocolate, a los sueños, a mi guitarra,...
a la vida.


Que no haya ni un solo segundo de descanso.

lunes 30 de noviembre de 2009

Sentimientos invertidos

-Hay luna llena, ¿te siguen gustando?
-No están mal... pero ya no me revolucionan tanto.
-Vaya... has cambiado los gustos.
-Sí, y te sorprendería saber que los algodones de azúcar me resultan demasiado empalagosos. Ah! Y el empaparme bajo la lluvia lo veo absurdo, igual que las galletas sin azúcar y el alcohol solitario. ¿No es genial?
Según lo iba diciendo se reía, hacía tiempo que no la veía siquiera sonreír.
-Estás loca- soltó.
-Lo sé.

Después de una larga conversación sin sentido en la cual preferimos andarnos por las ramas, se atrevió a lanzar la piedra (y sin esconder la mano), se atrevió a tocar el tema por el cual nos habíamos citado realmente.

-¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo?- Preguntó mientras se le humedecian los ojos.
-Lo siento, sé que no sirve de nada decir "lo siento" pero no puedo hacer otra cosa. Tengo esa estúpida costumbre de odiar todo aquello que en realidad amo y amar todo aquello que odio.
-No es verdad, tú no sabes lo que es odiar, no lo has hecho en tu vida.- Afirmó rotundamente.
-Pero lo disimulo bien

Ahí acabó el tema. Aunque sabía perfectamente que no me sacaría ni una sola palabra más podría haberlo intentado, quién sabe lo que hubiera podido pasar... Pero desistió. Con su esperanza muerta entre las manos decidió rendirse y proclamó su retirada.

martes 24 de noviembre de 2009

Noviembre

Hoy, por fin, después de veinticuatro días que llevamos de mes, he sentido noviembre en mi piel.
Caminaba hacia mi casa, con las manos rojas y encogidas del frío dentro de los bolsillos.
Tiritaba. Los dientes me rechinaban y la nariz apenas la sentía.
Hacía muchos meses que no me sentía así. El frío era intenso… de ese que te cala en los huesos sin poder hacer nada para evitarlo. Aceleraba el paso para llegar cuanto antes al calor hogareño.
Con la cabeza agachada, mirando la acera por la que guiaba mis pasos, me he atrevido a soñar…
Me imaginaba que al llegar a casa ibas a estar . Y que dándome un beso y un cálido abrazo para quitarme el frío me ibas a decir: “¿Qué tal te ha ido el día, cariño?”. Después, una cena sería cómplice de nuestras sonrisas.

Pero nada más allá de la realidad. Al llegar a casa estaba esperándome la cena caliente sobre la mesa, seguida de una ducha con agua hirviendo, de esas que tanto me gustan. Que no, no son tus abrazos… pero también consiguen quitarme el frío.

lunes 23 de noviembre de 2009

Sin comentarios

Hace unos días me llego este vídeo. Ya lo había visto antes, pero me volvió a hacer pensar.
Parece mentira que en pleno siglo XXI sigamos anclados a la edad de piedra en estos aspectos.
Podría empezar a redactar aquí todo lo que me indigna de él, pero es algo absurdo.
Sólo diré que me resulta hasta gracioso (de lo triste que es) que en sus argumentos exclusivamente cite el sexo y no el AMOR (que lo hay y mucho, aunque algunos no se lo crean) entre parejas del mismo sexo.

En fin, allá cada cual con su conciencia, pero ¿Qué menos que un respeto?


http://www.youtube.com/watch?v=lG3NPPiQkks

domingo 15 de noviembre de 2009

.M.


Me concedí algunos de los permisos con los que había estado soñando tiempo atrás pero perdí honores y, según mi conciencia, parte de mi dignidad quedó dañada.

Era estúpido soñar en aquellos momentos con un equilibrio, pero al menos habíamos recuperado la comunicación, al menos sabía que obtendría contestación por su parte si lo requiriera.

Con todo ello, me enfundé de nuevo en la ilusión, aunque esta vez era más triste (más realista diría yo). Traté de mantener los pies en el suelo sabiendo que en cualquier momento se iría como ya había hecho antes y, quizá, sin pronunciar palabra alguna. Pero yo, sentada en el hueco que quedaba entre el filo de la navaja (que me apuntaba vilmente) y la pared, empecé a soñar de nuevo. Empecé a creer que, tal vez, sí que me había querido, por poco que fuera, y quizá hasta le quedara algo de ese sentimiento.