-Increíble suena mejor.
-¿Tú crees? ¿y qué fin puede tener?
-Tenga el fin que tenga, increíble suena mejor, mucho mejor...
Dormitando entre recuerdos, mientras la famélica soledad enhebraba sus lamentos sigilosamente, me doblegué.
¿Qué coño? Sé que si ella entrara por la puerta ahora, justo en este mismo instante, yo me tiraría de cabeza por la ventana, cogiendo impulso en la marabunta de papeles que inunda el suelo de mi habitación. Que esta vez hago el pino si hace falta para que todas las migas de tus recuerdos se caigan de los bolsillos. Y me da igual que creas en cuentos de princesas, pues no son más que invenciones para que sueñes, abre los ojos y date cuenta que ya no estás en mis caderas. Ya no. Que ya no busco las llaves que perdí en el suelo de aquel edén. Ni a Ilsa Lazlo, ya no me interesa. Que si los Patrol irrumpen en mis oídos me quedo igual. A por cierto, se me olvidó decirte que
Y ya acabo. Porque para qué más.
Seamos sinceras… ¿o quizá no?
Ninguna de las personas que estaban aquella tarde sentados en el césped sabían cual era mi destino y por supuesto tampoco sabían de donde venía, eran personas totalmente ajenas a mí, pero daba igual.
Aunque solo escuché un trozo de la conversación era realmente gracioso escuchar como jugaban a adivinar mi vida.
“Probablemente sea una ejecutiva de una empresa importante” Decía uno de los que estaban.
“¿Tú crees? Yo pienso que es ama de casa con 2 niños pequeños y un marido insoportable, y por eso viene aquí a evadirse” Comentaba otro.
Aquella respuesta no iba mal encaminada, por supuesto que no era ama de casa ni tenía dos niños pequeños y mucho menos un marido insoportable. Pero sí, allí estaba sentada como por azar en un banco cualquiera de un parque cualquiera de cualquier barrio de Madrid, buscando la evasión.
Navegaba a caballo entre pasado y futuro con los ojos cerrados.
Jugaba con las manos como acariciando levemente los recuerdos. De repente, en cuestión de segundos daba un vuelco y me encontraba saltando a un abismo, soñaba imaginándome de mil formas mi futuro, tan incierto…
Añoraba el pasado y a la vez tenia ganas de comerme el mundo.
Era increíble, me encantaba esa sensación de libertad, de tranquilidad, de perfecta armonía conmigo misma.
Así que me quedé allí, ajena al reloj, despreocupada por las horas que pasaran. Mientras el olor a jazmín siguiera inundando mis pulmones y el canto de los pájaros permaneciera inmune… me bastaba.