Baile un pasodoble con las ilusiones aquella noche.
Nadie sabe por qué entre The Kooks y Manel sonó un pasodoble en ese zulo especial que hace las veces de discoteca moderna, pero así fue, allí, en ese lugar oculto escondido en un rincón entre callejuelas de una ciudad pequeña y acogedora.
Empezó a sonar justo cuando un grupo de personas disfrazadas entraban por la puerta del local y servían de entretenimiento a borrachos y aburridos que allí se encontraban.
Se acercaron despacio y me agarraron fuerte por la cintura, con la mirada perdida y una sonrisa de oreja a oreja. Yo me encontré perdida, no sabía bien como mover los pies ni como menear la cadera ante ellas, pero me agarraron tan fuerte que lo único que tuve que hacer fue dejarme llevar.
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