Es, como diría Antonio Vega, una lucha de gigantes, de monstruos en la oscuridad. Es enfrentarse a despertares temblando de miedo, a noches de insomnio. Es penumbra. Es la fragilidad en su estado más puro.
Pero tengo la certeza más absoluta de que en esta lucha tú vas a ser la que gane, estoy segura de que al final del túnel sólo te esperan amaneceres soleados, radiantes de felicidad.
Lucharás, y yo lucharé contigo sin perder las fuerzas ni un solo segundo.
Mientras que dure el trayecto permaneceré agarrándote fuerte de la mano, sin soltar un solo dedo, tal y como he hecho siempre.
Buscaré constantemente tu sonrisa aunque no seas capaz ni de mover la boca.
Reitero… no estarás sola, nunca.
Dormitando entre recuerdos, mientras la famélica soledad enhebraba sus lamentos sigilosamente, me doblegué.
sábado, 27 de febrero de 2010
sábado, 20 de febrero de 2010
Amsterdam.
Cuanto más viajo, más quiero viajar y más me encariño de otras culturas, otras gentes, otras formas de vida.
Esta vez han sido los Paises Bajos los que se han adueñado de un trocito de mí. Bruselas, Brujas (la increible Vencecia del norte), la Haya, Marken y Volendam, donde hasta he podido dar un paseo sobre el mar helado ¿no es genial?
Sin duda precioso lugares, no exentos de encanto.
Pero sobre todo me quedo con Amsterdam.
Siento que me he vuelto a enamorar.
Es pura admiración por su liberalismo, su forma de pensar, sus calles, sus canales, sus plazas y sus bicicletas, su calma pero con vitalidad, sus coffeeshops y sus cervecerías, sus "the bull dog", sus casas con encanto, sus tulipanes, sus museos, su red light district (barrio rojo), su historia, su tolerancia y hasta de su disciplina. Pero no de su frío, ni de su sopa.
Estoy enamorada de Amsterdam, lo reconozco.
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