Me acuerdo que me preguntó qué me había llevado a ese cambio de actitud.
-Verás… –le contesté- en momentos críticos que dan lugar a un punto de inflexión en el camino, hay dos opciones: por un lado, seguir dándole vueltas a la cabeza a las cosas sin sentido y acabar con un ligero (o no tan ligero) desequilibrio mental; por otro, seguir con la vida sin más, evitando preocupaciones innecesarias y dejando que todo fluya de forma natural. Y yo he decidido no perder la cordura.