Me acuerdo que me preguntó qué me había llevado a ese cambio de actitud.
-Verás… –le contesté- en momentos críticos que dan lugar a un punto de inflexión en el camino, hay dos opciones: por un lado, seguir dándole vueltas a la cabeza a las cosas sin sentido y acabar con un ligero (o no tan ligero) desequilibrio mental; por otro, seguir con la vida sin más, evitando preocupaciones innecesarias y dejando que todo fluya de forma natural. Y yo he decidido no perder la cordura.
A fin de cuentas, la preocupación no arregla los problemas. Yo también pienso que es mejor conservar la cordura, porque la vida te da sorpresa en cada esquina, así, de forma natural.
ResponderSuprimircortar por lo sano... qué poderosos quienes son capaces de llevarlo a cabo ^^
ResponderSuprimirDios yo ando perdiendo la cordura cada dos por tres, jajajaja
ResponderSuprimirsoy especialista en perderla, y en escuchar vetusta morla. sobretodo Copenhague...qué maravilla
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