describe mi secreto mejor guardado.

Y nadie lo sabrá.
Dormitando entre recuerdos, mientras la famélica soledad enhebraba sus lamentos sigilosamente, me doblegué.

Huele a Coruña en la habitación, pero miro por la ventana y es el mar de Madrid el que observan mis ojos.
Ella me recuerda entre susurros que es fruto prohibido, que el placer es limitado, pero ¿y qué más da?, me embriaga su roce lento, esas manos ansiosas de conocer al detalle cada centímetro de mi cuerpo. Me seduce la música de fondo y la luz de su cigarro. Me cautiva su espalda, al igual que la decoración de sus paredes. Es realmente excitante su beso ralentizado, su olor corporal y sentir el contacto de su lengua.
Pero, ¡para!... y todo sigue igual, en perfecta armonía.
Hace tiempo que me he perdido, no sé bien si yo o simplemente he perdido las formas. Ya no sigo ningún guión, ni órdenes de nadie, he roto con todos los protocolos de actuación.
“Libertad” pienso. Disfruto. Sonrío. Imagino. Invento. Reviento. Y vuelvo a sonreír.
Me he perdido tanto que soy feliz sin saber a donde voy, desorientada, encamino mis pies casi a ciegas aunque siempre firme, voy dejando huellas que no estaban previstas.
Avanzo sin saber exactamente en qué lugar me encuentro y es que… ¿Qué más da? Yo me encargo de saborear cada olor, tocar cada sonido, observar cada sabor, oír la sensibilidad y oler cada mirada. Me encargo de darle la vuelta a las cosas y ponerlas del revés, de hacerlas a mi modo. ¿Qué importa lo demás?
Hasta me ha dado por romper cada ápice de plan para el futuro porque la única certeza que me acompaña es la incertidumbre de éste.
Pero… ¿qué mejor?
“Libertad” sigo pensando. Disfruto. Sonrío. Imagino. Invento. Reviento.
Y, de nuevo, vuelvo a sonreír.
:)

Si Peter Pan viniera vería que llevo cien días esperando a que los pájaros me inunden la cabeza, como un hombre que espera en el desierto la llegada de la primavera…
Pero vuelvo a Madrid, y será allí, aquella tarde, a sólo unos metros del Km.0 del mundo, cuando un tipo particular me dé las instrucciones para salvar el odio eternamente.
Será la cita, nuestra cita, pequeña gran súper potencia.
Oiré historias de gente que viene del norte, que regresa o de gente que está atrapada en azul y no encuentra el camino de regreso.
Quizá hasta sienta vértigo escuchando alguna canción, y no por eso estaré en el bando vencido, al contrario… será justo en ese momento cuando me deje convencer, cuando descubra cuánto amo a la vida.
Y quién sabe si papá estará ahí para contarme una vez más sus historias, o si Caperucita me sorprenderá diciendo que quiere ser muy promiscua. Tal vez la reina del súper baile un vals con los jubilados en la plaza Garibaldi.
La chica de mi lado puede que sea Amanda o tal vez Ana. O quién sabe si la extraña pareja que tararea todas y cada una de las canciones son poseedores de la más tierna y dulce historia de amor. Y Alicia… Alicia estará entre bambalinas. Y yo… yo sin ti a mi lado.
Buscando en el recuerdo, entre la dulce memoria nos daremos cuenta de que ya nada es lo que era, nos entrará el virus del miedo y pensaremos “¿qué va a ser de mí?”.
Pero yo te diré, Casandra, que esto no es una elegía, que somos jóvenes y hermosos, que tu fragilidad está a salvo. Que esto no acaba hoy, es una sesión continua y que, aunque no lo creas, cuando se calla el ruido, los amores imposibles dejan de ser tan imposibles.
Y… ya ves… has de saber tantas cosas… prepararé la huida mientras duermes. Pero ahora descansa, pequeña criatura, que prende la luz y tú…
tú...
no estarás sola.
(Texto a partir de títulos de canciones del gran Ismael Serrano)