lunes, 20 de julio de 2009

Marché con el fin de pasármelo genial y traerme, al menos, una sonrisa de un niño bien guardada en mi bolsillo. Pero no sólo las cosas salieron bien sino que volví con miles de cosas que no me esperaba…
No me llevo la sonrisa de un niño, me llevo la sonrisa de casi 100 niños.
Me llevo momentazos junto a mis compañeros, nuevos amigos, nueva gente que, simplemente, ha sido genial. Y por supuesto también con la gente que ya conocía.
Me llevo carcajadas de esas que acabas con dolor de tripa.
Me llevo la desconexión, casi total, del mundo exterior. Esa que tanto se busca a veces y tanto cuesta encontrar.
Me llevo experiencia. He aprendido de los niños más que ellos de mí.
Por suerte, me llevo el cariño, los abrazos y las lágrimas del niño más especial de todo el campamento, Antonio, cómo olvidar todos los problemas que nos ha dado con tan sólo 9 añitos y aun así... hay que ver cuánto se hacía querer. Me encantaría volver a verle algún día.

Y por encima de todo me llevo un “volveré”, pero no de esos que quedan olvidados. Es un “volveré” de verdad, con absoluta certeza.

jueves, 2 de julio de 2009

"Siempre nos quedará París"


París… Increíble París.

Con su inconfundible dama de hierro a los pies del Sena y sus no menos inconfundibles Champs Elyses.

Con su aglomerante pero familiar metro. Chatêlet, jourdain, Buttes Chaumont, Les Halles...

París con sus peculiares parisinos. Notre Dame con sus grandiosas gárgolas y su 422 escalones que conducen a ellas.

París con sus puentes, su barrio latino, su ambiente de “Le Marais”.

Con sus crêpes por doquier y sus artistas callejeros.

París con su tan admirada Sorbonne.

Paris con música. París a pie, en bateau con Edith Piaf de fondo o en tren quizá.

Con su mítico Louvre y su famoso d’Orsey, junto con los Van Gogh que en él habitan.

Montmatre rodeado del embrujo de Amélie y la magia del Moulin Rouge, sin olvidar el muro de los “te quiero” en todos los idiomas.

Disney y su espíritu infantil que te transmite, que te devuelve por unas horas a una feliz y ya nostálgica infancia.

Con sus cientos de culturas y su tolerancia hacia ellas.

Ese es el París que me ha enganchado en sus calles, una vez más. El que me ha vuelto a ilusionar. Ese es el París que no me importa patearme 100 veces a pie.

Simplemente París.

Y volveré, estoy segura, pues dicen que no hay 2 sin 3.