Marché con el fin de pasármelo genial y traerme, al menos, una sonrisa de un niño bien guardada en mi bolsillo. Pero no sólo las cosas salieron bien sino que volví con miles de cosas que no me esperaba…
No me llevo la sonrisa de un niño, me llevo la sonrisa de casi 100 niños.
Me llevo momentazos junto a mis compañeros, nuevos amigos, nueva gente que, simplemente, ha sido genial. Y por supuesto también con la gente que ya conocía.
Me llevo carcajadas de esas que acabas con dolor de tripa.
Me llevo la desconexión, casi total, del mundo exterior. Esa que tanto se busca a veces y tanto cuesta encontrar.
Me llevo experiencia. He aprendido de los niños más que ellos de mí.
Por suerte, me llevo el cariño, los abrazos y las lágrimas del niño más especial de todo el campamento, Antonio, cómo olvidar todos los problemas que nos ha dado con tan sólo 9 añitos y aun así... hay que ver cuánto se hacía querer. Me encantaría volver a verle algún día.
Y por encima de todo me llevo un “volveré”, pero no de esos que quedan olvidados. Es un “volveré” de verdad, con absoluta certeza.
Precioso :D
ResponderEliminarlo mejor de todas estas cosas son las sonrisas, te olvidas de todo por unos días =)
ResponderEliminarun besito!^^