Huele a Coruña en la habitación, pero miro por la ventana y es el mar de Madrid el que observan mis ojos.
Ella me recuerda entre susurros que es fruto prohibido, que el placer es limitado, pero ¿y qué más da?, me embriaga su roce lento, esas manos ansiosas de conocer al detalle cada centímetro de mi cuerpo. Me seduce la música de fondo y la luz de su cigarro. Me cautiva su espalda, al igual que la decoración de sus paredes. Es realmente excitante su beso ralentizado, su olor corporal y sentir el contacto de su lengua.
Pero, ¡para!... y todo sigue igual, en perfecta armonía.
No frenes si no quieres, la armonía perfecta es demasiado aburrida...
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