Ahora solo se demuestra como la furia del rencor que le quedó entre pecho y espalda por no haber sabido ser, ni dar, ni oír.
Ahora escupe el aliento que ganó en otras bocas al ver que de la colección de derrotas fui su mayor trofeo.
Ahora que le dejé la calma, ella me ofrece rabia.
Siempre fuimos los lados opuestos de un reloj de arena lanzándonos cada grano de tiempo con fuerza.
Cada vez que estuve me abrazaba con ausencias, me besaba con la calma de “no estar”.
Ahora que mi ausencia llamó con los nudillos a su puerta, solo para besarla con la misma calma, despertó la rabia que siempre le faltó.
Se siente atacada al recibir lo que siempre dio,
y no es más que indiferencia.
Sólo quedó el vendaval que provoca una página al ser pasada de repente.
Es a lo que llamo "teoría de los contrarios", cuando recibes lo que has dado durante mucho tiempo, de pronto te das cuenta de que no quieres recibirlo y pasas al lado totalmente contrario, entras en ebullición y pasas de la indiferencia al más explosivo big bang.
ResponderEliminara veces hay que abrir las ventanas y esperar que el viento haga su trabajo
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