Dormitando entre recuerdos, mientras la famélica soledad enhebraba sus lamentos sigilosamente, me doblegué.
miércoles, 11 de mayo de 2011
SD
Aún guardo la primera cuerda de la guitarra que se me rompió; la letra y los acordes cutres de la primera canción que compuse; un álbum con pegatinas que ni siquiera de pequeña me hacía ilusión; unos cuadernos con dibujos de la ESO (nunca he sabido dibujar); un baúl con pinturas rotas desde parvulitos; los juguetes que nunca usé; los regalos que nunca me hicieron ilusión; la colección de libros infantiles que me leía y releía; las películas de Matilda y Yo a Londres y tú a California; las cintas de cassette de Raúl o los BomBomChip...
Lo que me sucede con los recuerdos es similar, algo patológico, todos guardados con tacto en los lugares más recónditos de mi mente.
Tengo una especie de Síndrome de Diógenes para los recuerdos.
Muchas veces he pensado en escribir sobre todos esos recuerdos de mi infancia, y me gustaría hacerlo, pero también siento cierta reticencia a contar algo que ha estado siempre conmigo y solo conmigo... Si algún día me pongo, puede ser una bomba de relojería, porque el Síndrome de Diógenes se queda corto para mí. Me han encantado tu escrito. Un saludo.
A mamá le falta un tornillo... Gran post!
ResponderEliminar:D Muchísimas gracias
ResponderEliminarDescubrimiento bonito tu blog también
Un abrazo :)
Muchas veces he pensado en escribir sobre todos esos recuerdos de mi infancia, y me gustaría hacerlo, pero también siento cierta reticencia a contar algo que ha estado siempre conmigo y solo conmigo... Si algún día me pongo, puede ser una bomba de relojería, porque el Síndrome de Diógenes se queda corto para mí. Me han encantado tu escrito. Un saludo.
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