miércoles, 26 de octubre de 2011

des-pe(r)dida


Está bien, tú ganas, acepto las derrotas:

perdí cuando acepté promiscuidades,
perdí al cambiar de rutas y lugares,
perdí cuando acepté extraños favores
y al cambiar amistades por amores.

Pero algo tengo muy claro,
no he perdido ni un segundo al cambiar mi suerte,
no he perdido al perderme por las calles de Madrid.

lunes, 17 de octubre de 2011

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Las decepciones son pequeños fracasos personales, aunque no siempre supongan desastres o males mayores. La decepción del prójimo duele, como daga se clava bien dentro, más aún si ese alguien es cercano. Pero no hay peor decepción que la personal, la que uno se lleva consigo mismo. Esperada o no, consigue hacer sangrar las heridas, asaltar las dudas, los porqués. Hay muchos tipos de dolores en el alma y la decepción de tu propia persona es uno de los que más pesan.

El fracasar es arrancar de un bocado la ilusión, despertar la desconfianza en ti mismo, es saber que algo falló y no pudiste hacer nada para evitarlo. Es rabia, son puñetazos al aire. Fracasar es desengaño y supone mirar en negativo. Es caer y chocarte contra el suelo más firme.

Y, después… levantarte, sacudirte las heridas y seguir caminando.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Huía de espejismos y horas de más.


Me acuerdo que me preguntó qué me había llevado a ese cambio de actitud.

-Verás… –le contesté- en momentos críticos que dan lugar a un punto de inflexión en el camino, hay dos opciones: por un lado, seguir dándole vueltas a la cabeza a las cosas sin sentido y acabar con un ligero (o no tan ligero) desequilibrio mental; por otro, seguir con la vida sin más, evitando preocupaciones innecesarias y dejando que todo fluya de forma natural. Y yo he decidido no perder la cordura.



lunes, 29 de agosto de 2011

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(Léase en tono amigable)

-Ya hablamos. Te quiero!

-Pues yo a ti no

-¿cómo?

-Lo que oyes, te aprecio pero no te quiero, no te conozco tanto ni has hecho méritos para merecértelo

-Hija que borde eres.

-Gracias! Un beso.



No, no soy borde, aunque lo parezca –ni siquiera la conversación lo fue-, pero me pregunto por qué se sueltan tan gratuitamente los “te quiero”, con lo bien que sientan cuando se dicen de forma lógica, cuando se demuestran.

Seamos sinceros, teniendo en cuenta que es una persona que conozco desde hace unos 4 meses y que sólo he visto 5 noches de fiesta, yo me pregunto…

¿Hemos pasado mucho tiempo juntas? No

¿Nos hemos contado la vida en verso? No

¿Hemos mantenido alguna conversación interesante –já, esto es lo triste-? No

¿He recibido poemas de Bécquer que demostraran su amor/admiración por mí? No

¿Nos hemos acostado? ¡NO!

Entonces… ¿qué se le pasa por la cabeza para decirme “te quiero”?

jueves, 25 de agosto de 2011

Gente de psiquiatra

Llegar a un rodaje con toda la ilusión del mundo y que la productora y actriz principal –sí, era la actriz y quiso llevar la producción- joda el buen ambiente y esté a punto de cargarse el rodaje por tener el ego como Megan Fox no tiene precio… o bueno, sí… los 5000 euros de la subvención que se ha llevado.



(Algún día contaré más en profundidad este hecho,

cuando se me pasen las ganas de cometer un asesinato)

viernes, 19 de agosto de 2011

Els principis



Recuerdo que pasamos horas contando historias insignificantes, divagando sin rumbo, huyendo de lo que más nos interesaba hablar -nuestro pasado-.
Y fue allí, en aquella ciudad muerta, cuando, sentadas en un banco que se encontraba en medio de la nada, se lo solté:

-"Nunca volvería a mis comienzos, pero sí a mis principios."

miércoles, 29 de junio de 2011

-Si eres una piltrafilla... Te cogía y...

-Y me llevabas a la luna con cada palabra, con cada caricia. Me cogías y me transportabas hasta Finisterre en cada climax de cada orgasmo, en cada pestañeo de cada mirada penetrante y fija, en cada atisbo de luz que salía de tus mejillas.